Así, sin rodeos: El Primavera Sound ha perdido la inocencia,
se ha hecho mayor y los organizadores son conscientes de que tienen entre manos
un evento con un potencial brutal para atraer a gente de muchas razas
musicales.
A las pruebas me remito: 1) La campaña de publicidad ha
forrado de carteles la ciudad durante la semana antes del festival. Esto es
caro y ellos se lo han podido permitir. Recuerdo que años atrás encontrar un
cartel anunciando el festival era como descubrir un bar recóndito con encanto.
2) La reacción de los artistas a la llamada del Primavera. Sigo a alguno de
ellos en twitter y han hecho bandera de la confirmación de su grupo en el
festival como si les hubiesen confirmado en un grande americano o inglés. La
organización ha conseguido cerrar a los grupos más potentes de los que están
recorriendo el circuito de festivales pre-verano y verano en Europa, y eso
requiere el deseo de algunos grupos de tocar aquí. Más allá del dinero. 3)
Detalles como el mini-concierto improvisado de The Wedding Present antes de
Blur o las colaboraciones entre grupos (Mascis en Phoenix, el de Fucked up en
Dinosaur jr, y un etcétera que desconozco), dan la sensación de festival
potente. Antes, este tipo de cosas sólo pasaban en las crónicas que leíamos de Coachella.
Creo que fue Nando Cruz quien hizo una crónica más
bien sociológica del último concierto de Wilco en el Palau de la Música. Os aconsejo
buscarla si no la habéis leído. Pues bien, también vale la pena echar un vistazo al tipo
de gente que ha venido este año al festival para dimensionarlo y entenderlo. Lo
primero, la internacionalización. El Primavera siempre ha tenido un cartel
más atractivo para un espectador neoyorkino que para el madrileño
que va al SOS. Este año han explotado todas las vías para llegar a convencer a los foráneos a acercarse a Barcelona, aprovechando el cartel vendedor de esta edición. Alrededor de un 50% del público
era extranjero. Estamos casi en cifras de FIB, y eso sin la playa ni el
chiringuito agostero. A nivel nacional, además, se ha roto la barrera del nicho
alternativo. Puede que haya sido una conversión progresiva, pero este es el año en el
que el oyente menos especializado -el que va a trabajar con los 40 principales
cada mañana y sale de fiesta periódicamente en lujosas pistas reguetoneras- se
ha atrevido a pisar el Fòrum sin miedo a ser señalado por gafapastas fans de
Gravenhurst (véase el anuncio del Primavera 2005). Confirmaciones como Postal
Service, Phoenix y el boom de Rodriguez en los últimos meses, les han animado a
pagar los 180-190 euros que valía el abono. Me atrevo a decir que este grupo de
gente ha sido el que los ha acabado agotando.
Dicho esto, voy con mi festival. En general, la experiencia
ha sido muy buena. El cartel no era el más apetecible de las últimas ediciones,
pero los conciertos a los que he ido han estado a la altura. Las dudas que
creaba la reubicación del escenario ATP, se han saldado con un punto positivo a
favor de la movilidad de gente en el recinto y dos puntos negativos por la
malsonante nueva ubicación, que se solapaba constantemente con la del escenario
Heineken, el rey del festival. El precio de la cerveza seguía en estándares más bien
europeos, pero se ha mantenido estable y no se ha disparado con la masificación. No he
sufrido colas destacables para prácticamente nada y los conciertos a los que he
asistido no estaban rebosados de gente. Incluso no he encontrado demasiada
gente hablando en los conciertos, así como en otros años había llegado a límites
insospechados. Puede ser que mi ruta haya ayudado, empezando ya por el primer
día, saltando a contracorriente como los salmones en el Yemen. Siguiente
entrada.
1 comment:
hombre! textos hoteleros seminostálgicos y crónicas de conciertos a los que nadie quiere ir? ESTE ES MI CHICO!
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