Sunday, February 05, 2012

Lista de Mejores Discos de 2011

Por defecto acumulado a lo largo de los años, me cuesta dar carpetazo a un año de música y renovar mi librería hasta que no cierro la lista de los mejores discos del año. Aunque este blog esté en desuso, no hay mejor sitio para compartirla. Así que, allá voy, los 20+1 mejores discos del año en orden decreciente:

20+1. The War on Drugs. Slave Ambient (Secretely Canadian)

Sí, la marcha de Kurt Vile se ha notado, pero Granduciel ha sacado pecho. Por culpa de la cantidad de discos del estilo en los últimos años, cuando escuchas Slave Ambient por primera vez, avanzando por las perfectas "Best Night", "Brothers", "I Was There", vas esperando ese punto de inflexión en el álbum donde deja de ser todo matemáticamente precioso y empiece a sonar a música de ascensor. De repente el disco acaba y el silencio es tan molesto que tienes que volvértelo a poner. No sabes muy bien qué ha pasado, pero has estado sumergido en 45 minutos de placer continuo.


20. Deerhoof. Deerhoof vs Evil (Polyvinyl)

Siguiendo en modo hedonista, no hay nada más disfrutable que un disco de Deerhoof. El bizarrismo lo hace imprevisiblemente divertido, pero lo de estos chicos va mucho más allá de un collage de sensaciones. Sus deconstruídas composiciones son pretenciosos acercamientos al disco perfecto. Aunque cada año que pase sus melodías sean más familiares y tal vez menos arriesgadas, no quitan un ápice de interés a su trabajo. Siguen creando escuela.


19. Julian Lynch. Terra (Underwater Peoples)

En allmusic dicen que este señor es doctor en etnomusicología. El colmo de lo hipster. Terra es música triste sin pretenderlo. O igual la palabra no es triste, igual es felizmente melancólica pero hace falta un buen chute de drogaína. Suena a hippismo y a millones de colores distintos metidos en una coctelera. La voz de Lynch nos va guiando por bosques frondosos, pero con grandes clarianas y riachuelos. Vientos, sintetizadores, percusiones y guitarras enredadas, que se usan de una manera calculadísima para seguir pareciendo un disco minimalista. Una gran experiencia.


18. Wooden Shjips. West (Thrill Jockey)

Veo que os estáis durmiendo. Vamos a hacer un poco de ruído. Psicodelia kraut-rockera para seguir avanzando puestos. Los riffs de guitarra repetidos hasta la eternidad y la batería a martillazos contra la cabeza son las señas de identidad de los californianos Wooden Shjips. Reminiscencias de otra época en cada una de sus canciones en el que sea tal vez su trabajo más inspirado. Este es su primer disco grabado con la suficiente pasta como para contar con un buen equipo técnico y se nota. Suena más limpio, que no más pijo, y ayuda a la comprensión de su vaciado sonoro.


17. Cass McCombs. Wit's End (Domino)

He leído por ahí que dejan mejor al Humor Risk -el otro disco que ha publicado McCombs este año- que a este Wit's End. De acuerdo que el primero es más ligero a la escucha, no te entran ganas de suicidarte en cada esquina. Pero qué sería de McCombs si no caminara titubeante por el borde de la torre más alta de Baltimore? En Wit's end cada nota, cada palabra, está detalladamente pensada y estudiada. Me recuerda a un disco de música clásica, donde tienes la sensación que necesitas un doctorado para sacarle todo el jugo posible. Igual Julian Lynch puede. Juas.


16. Jesu. Ascension (Caldo Verde)

A Jesu les queda de metal lo que a mí de rubio. Vale, tienen unos pedales maravillosos, pero los utilizan más cerca de la expansividad post-rockera que de la agresividad doomera. La voz de Broadrick es de blandengue, no jodáis. Eso sí, el rollete de Jesu en sus últimos discos es muy adictivo. "Sedatives" es un manifesto por si misma. Batería penetrante, guitarras contundentes y una melodía que podría estar en cualquier disco de los Posies. El disco acaba transcurriendo a un ritmo lentísimo, se recomienda paciencia, unos buenos auriculares, una cama comfortable y ganas de soñar.



15. The Men. Leave Home (Sacred Bones)

Veréis que este año la cosa no admite demasiado ruído. The Men son el único cercano al noise que ha entrado. "Bataille" es una de las mejores canciones del año, darle a este link y después seguimos. ¿Qué os ha parecido? Pues esto no es nada. Leave Home ralla a aún más intensidad. Rock de directo, de desmelenarse y de saltar sin parar. Nada de indie de los 90, The Men van a buscar en los cassettes de los 80, los primeros Sonic Youth, Hüsker Dü. El disco más brutal y directo del año.


14. Peaking Lights. 936 (Not Not Fun)

Si algo tengo que reconocer, es que con el poco tiempo que se tiene, paso bastante de la música electrónica. Eso sí, si un disco me engancha, me engancha. No se la etiqueta que toca ponerle a este disco, pero sería algo así como pop contemplativo bañado de sintetizadores. Canciones largas, reverberizantes. Para poneros un ejemplo de esta lista, a los de Deerhoof seguro que les ha encantado. Y al doctor Julian Lynch, por supuesto.


13. Ducktails. Ducktails III: Arcade Dynamics (Woodsist)

Para los que no lo sepan, Matthew Mondanile es un integrante de Real Estate, que no ha conseguido meter su disco en la lista (aunque también aprovecho para recomendar). Este Arcade Dynamics poco tiene que ver con el aclamado Landscapes (2009), y es mucho más cercano a la música de la banda madre. Pero mientras Real Estate pecan a veces de ser un poco demasiado repetitivos, incluso a veces me cuesta saber si sigo en la misma canción o han cambiado, aquí la riqueza reside en la variedad, siempre dentro del pop lo-fi ensoñador marca de la casa. El tiempo no podrá con "Hamilton Road", ni mucho menos con la póstuma "Killin' the Vibe", a medias con Panda Bear.


12. Dirty Beaches. Badlands (Zoo Music)

¿Qué hay aquí dentro? Por 5 pesetas. Elvis, sin duda. Joy Division. O igual más Suicide. No sé, es extrañamente cautivador. Una vez entras en su espacio looposo, es difícil escapar. Si tuviese que regalar un disco este año, regalaría este. Por arriesgado y novedoso y porque Alex Zhang Hungstai es uno de esos pensadores que necesitan de un megáfono para que la gente pueda disfrutarlo. Me gustaría saber que opina Elvis de este disco. Música del infierno, imagino. Si sigue así, será una de las referencias internacionales en menos de lo que canta un gallo.


11. Veronica Falls. Veronica Falls (Slumberland)

Difiícil de valorar este disco. Cada año hay algún grupo que publica unos cuantos singles y EPs, generando muchísima expectación, "the next big thing" y demás. Después llega el disco y obviamente defrauda, pero no por nada, sino porque ya hemos escuchado la mayoría de cosas antes. ¿Qué esperábamos? Bueno, el debut de Veronica Falls es el representante de la música más típica del s.XXI en la lista: jangle pop hiperactivo, estribillos pegadizos y voces amables. El disco se acaba quemando, pero mientras dura te inserta un chip en el cerebro que cada pocas horas suelta un líquido indoloro con alguna frase de alguna canción o una línea de bajo aislada. Trying to forget, but everything went wrong. I don't remember, I've got a bad feeling. A bad, bad feeling, and it's not going away. Mi vecina se la sabe de memoria. Y, que quede dicho, una pena que "Starry Eyes" no hay entrado en el disco final.


10. Bill Callahan. Apocalypse (Drag City)

Parece que un nuevo disco de Bill Callahan ya no es noticia. A mí me parece que cada disco que pasa el tío se vuelve más fuerte, como esas manos curtidas de los marineros. Estamos otra vez ante una foto, no, mejor, un cuadro, que te cuenta el paisaje de los Estados Unidos sin ahorrarse ni el más mínimo detalle. Es como escuchar una de esas voces sabias que consiguen abrumarte contando la tontería más banal. Me quedo con "Drover", "Riding for the feeling" y, sobretodo, One Fine Morning - un epílogo de casi 9 minutos que crece y decrece guiada por un sentido piano y la guitarra más sutil.


09. J.Mascis. Several Shades of Why (Sub Pop)

No creo que muchas listas recojan el disco de Mascis. Yo necesito ponerlo, y bien arriba, aunque sólo sea por la insistencia y resistencia que ha tenido a mis múltiples escuchas. Un disco pausado y profundo. Siempre había imaginado que la mayoría de las canciones de Dinosaur Jr. aguantarían un desnudo instrumental como el que sucede en Several Shades of Why. Aquí están los estribillos repentinos y los punteos de guitarra afilados, pero rebajados a modo caricia en una noche de invierno fría. Al disco no hay por donde pegarle, aguanta a un nivel altísimo hasta el final y la sencillez de su estructura hace que sea de muy fácil digestión.


08. Destroyer. Kaputt (Merge)

Este si que encabeza listas y listas, poca cosa puedo añadir yo. Me parece un disco muy sólido. Lanzarse a intentar adaptar sus letras y el inconfundible movimiento de su música a las estructuras electrónicas ochenteras no era tarea fácil. Dan Bejar lo ha hecho con la soltura de un genio y sin despeinarse. A ratos recuerda a los giros estilísticos de Dylan; imprevisibles a priori, lógicos a posteriori. Su concierto en Bikini fue una demostración de clase. Los discos son como el físico de una chica y los conciertos su personalidad. Si cuando hablas con ellas son más tontas que un zapato, tu percepción de su físico se ve afectada. No sé si me explico. Bueno, escuchad Kaputt.


07. Low. C'mon (Sub Pop)

Hace poco colgué en este blog lo que me había parecido el nuevo disco de Low. Visto con perspectiva, aún me parece más disfrutable. Claro está que no es mi trabajo saber valorar los discos objetivamente, y me cuesta poner en perspectiva lo que el disco de Dirty Beaches o Oneohtrix Point Never (por decir uno que se ha quedado en las puertas) puede acabar significando con el tiempo. Lo que yo se hoy en día, es que me dolería poner a cualquiera de estos por delante de un grupazo como Low. Aunque seguramente C'mon no pase a la historia como su mejor disco, me sigue pareciendo que juegan en otra liga, Y lo dicho, "Nothing but heart" es para mear y no echar gota,


06. Sonny & the Sunsets. Hit After Hit (Fat Possum)

Fueron la sensación del año pasado con su disco de debut, y contra todo pronóstico fueron la banda sonora del verano con su segundo álbum. Hit After Hit circula a una velocidad más trepidante que Tomorrow Is Alright y, como su nombre indica, da más peso a las canciones que a la cohesión del disco. ¿A que ya sabéis como me cuestan este tipo de álbumes? Pues imaginaros como tienen que ser los Hits after hits para que haya quedado el sexto en la lista de este año. "Home and exile", "Reflections on youth", "Teenage thugs", "Don't act dumb": directos al olimpo del rock lo-fi. Si Buddy Holly levantara la cabeza, se echaría unos buenos bailes.


05. Tim Cohen. Magic Trick (Captured Tracks)

Aquí va mi apuesta personal. Uno de esos discos que no te dan problemas cuando te pones a encontrarle defectos, pero que tiene esa gravedad especial que lo arrastra hacia la mini-cadena cada dos por tres. El cantante de The Fresh and Onlys se desmarca del sonido más garajero de su banda para regalarnos un pop lo-fi destartalado. Es como una de esas habitaciones de adolescente que en su mente sigue un riguroso desorden ordenado. Y las letras. Las letras son de alguien que tiene algo que decir. Desde la irónica "I am never going to die", pasando por la sincera "Sweetheart" para llegar hasta la tristemente noventera "I looked up". Si sigue por esta senda seguro que pronto estará en boca de todo el mundo.


04. Tom Waits. Bad As Me (Anti)

Un poco lo que me pasa con Low, elevado a la enésima potencia. Hacía siete años que no sabíamos nada de él, pero cuando Tom Waits saca disco, es difícil que alguien se le pueda comparar: sigue pariendo discos geniales. Así que los tres discos que quedan por encima, son los que realmente me han dejado boquiabierto este año. En Bad As Me cabe el Waits gamberro, el sentimental y el más jodidamente genial. El amante del vals, el héroe del rockabilly y el bluesman empedernido. Personalmente me parece más completo que el Real Gone y con temas que dejarán huella. De los grandes de grandes, parece el más en forma. Incluso más que los últimos intentos de Nick Cave. Una canción de regalo: Pay Me


03. The Caretaker. An Empty Bliss Beyond This World (Haft)

Este no es un disco convencional. Esto es un regalo de un ser superior. Leyland Kirby se llama. En una época donde lo retro se revaloriza, que mejor que llevar un buen trozo de pasado al presente. Y es que si The Artist tiene que ser la película del año en Hollywood, An Empty Bliss tenía que ser el disco del consenso en internet. Es como si el fantasma de Ava Gardner acabara poner un disco en un gramófono y encendiera una vela raquítica en una habitación a oscuras. Y nosotros nos lo miramos desde muy lejos, casi desde la otra punta de la casa. Y después nos despertamos y no queda vela, ni Ava Gardner, ni casa. Sólo la oscuridad y recuerdos de un pasado que nunca ocurrió.


02. Kurt Vile. Smoke Ring For My Halo (Matador)

Kurt Vile ha dado un paso al frente, ha dejado atrás el sonido peleón de sus anteriores trabajos y ha ido en búsqueda del disco perfecto. Smoke Ring for my Halo se queda muy cerca de conseguirlo. Folk-rock de sentarse en la mesa, servirse una buena copa, encenderse un cigarro y reflexionar sobre si lo que hay más allá de ese espacio vale tanto la pena como esto. A decir verdad, tenía que pensado que fuese el disco del año, pero le han adelantado en la última recta. "Jesus Fever" es un clásico instantáneo, "On Tour" es el núcleo, la esencia de lo que es Vile; pero la recta final... La recta final es tal vez menos resultadista, pero es la que te deja el disco arriba del todo, son las canciones que se te incrustan en el cerebelo para quedarse para siempre.


01. Sandro Perri. Impossible Spaces (Constellation)

Y el disco del año es para el canadiense Sandro Perri. Me quedó la espina por no dárselo cuando sacó Tiny Mirrors, pero me parece que este Impossible Spaces incluso lo supera. La naturaleza con la que se mezclan pop, folk y electrónica es la grandeza de este álbum. Y la dulce voz de Perri peinando las notas de las enrevesadas composiciones es el timón que lo mueve. Sufjan lo intentó el año pasado con un resultado mucho más pobre para mi gusto. Una referencia para los vírgenes podría ser el Bowie menos glam y de resaca, pero después llega "Wolfman" y lo revuelve todo. Un ejercicio de más de diez minutos que se convirtió en la canción del año cuando la escuché por primera vez y que ha sido recurrente en mis tarareos desde entonces. El cierre con la delicada y pastoral "Impossible Spaces" es la guinda del mejor pastel del año.


Hasta el año que viene

Monday, December 12, 2011

Low - C'mon (Sub Pop, 2011)


Hay una especie de ritual cuando te pones a escuchar por primera vez un disco nuevo de Low. Tiene que estar todo en su sitio y en riguroso silencio, tienes que apretar el play con la misma delicadeza con la que la chica enamorada deshoja la margarita, y cerrar los ojos dejándote llevar por el río sonoro de las primeras notas. Y el ritual nunca defrauda. C’mon es el noveno regalo que nos hace Low. Al abrirlo, empezamos un viaje al corazón del grupo. Seguramente aquí nos encontramos a los Low más puros y esenciales: nos muestran el sonido con el que siempre se han presentado en sus conciertos y con el que entran en el estudio para grabar. Dejan atrás el desnudo rítmico del inigualable Drums & Guns, y olvidan la vertiente más ruidosa y directa presentada en The Great Destroyer.

La primera parte del disco es donde más peso ha tenido la presencia del productor Matt Beckley, aportando un aire más amigable y radiofónico. “Try to sleep” y “Witches” tienen un tono expansivo muy cinematográfico y paisajístico, pero a su vez tienen elementos que las hacen muy cercanas y accesibles, como el banjo de la segunda parte de “Witches”. Con “Done”, en colaboración con Nels Cline, comienza la parte más introspectiva y empezamos a darnos cuenta de que estamos ante un gran disco de los de Duluth con el falso vals “Especially me”. Una de esas canciones que crecen con cada escucha. La calidez con la que Mimi Parker canta es paralizadora. De hecho, en este disco vuelve a tener mucha presencia como voz principal, y esto lo dota de una luminosidad cristalina: el estribillo de “You see everything” da ganas de seguir viviendo un día más.

La segunda mitad del disco nos presenta la vertiente más ocura y looposa de Low. En “20$”, Alan Sparhawk grita “My love is for free” mientras acaricia la guitarra como si cuidará de un bebé recién nacido. “Majesty/Magic” y la tristísima “Nightingale” crean una atmosfera de tensión que acaba explotando en “Nothing But Heart”, seguramente el mejor corte del álbum. Aquí chocamos con una pasión exponencial, una repetición golpeante que no nos deja escapar. Sparhawk proclamando a pulmón abierto durante más de 6 minutos que no es nada más que corazón. Es el clímax del disco, uno de esos esfuerzos agotadores extremadamente placenteros. Te remueve todos los intestinos, te deja sin aliento, te ata un nudo en la garganta y te da unas ganas incontrolables de llorar. Después, “Something’s turning over” actúa como aliviante e intenta recomponerte y dejarlo todo en su sitio, como si no hubiese pasado nada. Como la calma después de la tormenta.

Seguramente no llega al nivel de las inspiradas composiciones de Drums & Guns y no consigue crear esos submundos amansa-fieras que eran sus primeros trabajos, pero es uno de esos discos que siguen creando escuela y postulando a Low como una de las bandas más influyentes de los últimos 15 años.

Friday, June 17, 2011

Semana 037: Grinding Halt


Semana 037 - Grinding Halt

1. Destroyer, Foam hands. Trouble in dreams
2. Modest mouse, Third planet. The moon and Antarctica
3. The beets, Cold lips. Stay home
4. Hunx and his punx, He's coming back. Too young to be in love
5. The cure, Grinding halt. Three imaginary boys
6. Girls names, I lose. Dead to me
7. Guided by voices, Game of pricks. Alien lanes
8. Sonny and the sunsets, Reflections on youth. Hit after hit
9.Dignan porch, Yards. Deluded
10. Tennis, Cape dory. Cape dory
11. Low, Witches. C'mon
12. Cass mcCombs, County line. Wit's end



Descargar aquí


Hoy he estado pasando archivos viejos al portátil y he redescubierto una carpeta donde iba guardando todos los álbumes de las semanas. Hace cinco años de la primera. Se dice pronto. He escuchado una canción de cada uno y he decidido que cuando llegue a los cincuenta haré un recopilatorio con las mejores. ¿A qué no sabéis cuál es la primera canción del primer disco? Cinco años...

Cinco años hace que escuché por primera vez a Destroyer, cuando sacó Rubies. El martes que viene lo veré por primera vez. Su nuevo disco va a encabezar todas las listas del año, y si no lo creéis, al tiempo. Ha dado un ligero giro hacia un pop de estructuras más ochenteras, pero sin dejar de usar esa especia secreta que le da a su música su toque inconfundible. Me he preguntado qué canción suya me llevaría a la cárcel si me cayeran veinte años por homicidio premeditado y he pensado en "Foam Hands".

La segunda canción es de Modest Mouse. Ayer por la noche escuché "Convenient Parking" en uno de esos aburridos reportajes de fútbol internacional y pensé que ya va siendo hora que saquen algo que arregle el mal cuerpo que dejaron con su último trabajo. "3rd Planet" abría The Moon & Antarctica, un disco al que tengo bastante cariño. Recuerdo comprarlo en una macro-tienda de discos que había en el sótano del centro comercial de las torres Petronas y quemarlo durante todo el verano. De hecho, ahora lo he desempolvado y está rallado de "I Came As A Rat" en adelante.

La quinta canción es la que da el nombre al disco. "Grinding Halt" viene del primer disco de The Cure, del Three Imaginary Boys. Ese disco de guitarras afiladas y nerviosas, antes de que entrara el factor más emo-atmosférico de los Cure de los ochenta. Supongo que ahora ponerse hablar de ellos no tiene mucho sentido, poco queda que no se haya dicho ya. Si bien es verdad que sus discos de los noventa en adelante no son un fin de semana en el paraíso, va bien recordar que esta gente ha hecho tres o cuatro discos que estarían sin demasiado esfuerzo entre los mejores de la historia. Guided by Voices no son tan universales como The Cure, pero a título personal son incluso más importantes. Sus discos son absolutamente absorbentes y radicalmente cambiantes, no te dan tiempo de ubicarte: consigues subir una montaña rocosa y te lanzan de acantilado sin ni siquiera dejarte disfrutar de las vistas.

Tuesday, May 17, 2011

¿Está vivo? ¡Está vivo!

Me duele dejar morir este sitio. Tres discos del año pasado que cada día que pasa se hacen más grandes:

The calcination of Scout Niblett, Scout Niblett. Recuerdo que la primera vez que escuché Bargin se me pusieron los pelos como escarpias. No, aquí ya no está Albini moviendo los hilos; aquí chocamos de frente con la crudeza de una mente maravillosamente atormentada. Scout Niblett se postula con su último disco como una de las voces más inquietantes del panorama actual. Es distinta, es especial y desborda talento por los cuatro costados. El poder de los silencios y el rugir de los guitarrazos quedan más patentes que nunca.

At echo lake, Woods. Ese folk rural e intangible que siempre han llevado por bandera se cristaliza aquí para hacer de éste un ensayo pop perfecto sobre la evocación de los buenos momentos de la vida. Si los Beach Boys se hubiesen puesto en plan bucólico, si los Byrds hubiesen empezado a tocar en el s.XXI, si los Shins se dejaran de tanto estribillo pegadizo... seguramente habrían conseguido algo parecido a esto.

Have one on me, Joanna Newsom. Siempre he creído que los triples álbumes son inabarcables. Mantener la atención durante más de dos horas es prácticamente imposible, lo que obliga a una escucha fragmentada. Have one on me acaba siendo como Londres, para lo bueno y para lo malo. Por muchas veces que vayas nunca tienes la sensación de conocerla del todo; pero cada vez que vas, acabas encontrando rincones maravillosos por los que nunca antes te habías perdido. Perderse por la nuevaorleana "Good Intentions Paving Company" o por la soleada "On A Good Day", arpa élfica en mano, es una experencia sensorial impactante. Y os lo dice uno que, cuando salió Ys, no cree que hubiese para tanto.

Monday, January 24, 2011

Bloc de Notas

Esta mañana no me he atrevido a bajar en bici por miedo a la cangrenación de mis extremidades. Parece que todo Barcelona se ha puesto de acuerdo en lanzarse a la carretera y el trayecto en autobús ha sido más largo que el perímetro del cantante de Les Savy Fav. He sacado el bloc de notas y he esbozado algo que se debería parecer a la lista de lo mejor del año pasado:

Tuesday, November 16, 2010

Fría Primavera

Llego a trabajar y me siento delante del ordenador para hablar de Pulp, pero no me sale nada. En el bloc de notas sólo pone: el disco de Boston Spaceships es un pepinazo. A veces noto como si las ganas de escribir se me escurrieran entre los dedos. Este debe de haber sido el año que he escuchado menos música desde que escucho música y, aunque esto se deba a factores externos, me da miedo pensar que esta puede ser la dinámica habitual a partir de ahora. Hoy en el bus he empezado a pensar en la lista de lo mejor del año y no he tenido claro ni los cuatro o cinco discos que tendrían que estar arriba. Voy a tener que valorar discos después de muy pocas escuchas y eso conlleva falta de perspectiva. Necesitaré algo de ayuda. Hace unos meses empezamos a hablar de montar algo que me haría mucha ilusión; espero que no sea una de esas ideas que quedan enterradas en la memoria. A ver si antes de Navidad la cosa coge forma.

Lo que es una realidad es que como los organizadores del Primavera sigan así, van a quedarse sin abonos antes de poder volver a cambiar de precio. Mala señal es que yo conozca todos los nombres y esté familiarizado más o menos con el trabajo de todos (Triangulo de Amor Bizarro a parte). Han vuelto a dar otra tanda de nombres de quilates, a falta de que los de Pitchfork y ATP rellenen la siempre abundante clase media. Ahora mismo tenemos 21 nombres para todos los gustos. Los reparto en categorías para analizarlos. Empecemos con los que más me apetecen:

Ay, Pulp… El retorno de los de Sheffield será la gran atracción turística de Barcelona durante un fin de semana. Los de Jarvis Cocker son una banda clave para entender el boom del pop británico en los 90, una fábrica de canciones para llenar estadios. A nivel personal, el His’n’Hers (Island, 1994) y el Different Class (Island, 1995) me marcaron en su momento y, aunque los tenga perdidos en un laberinto de difícil escapatoria, poder escuchar “Do You Remember The First Time” en directo, me vale la mitad del abono.

Comet Gain es más pop británico. Con más nervio y crudeza; pero pop al fin y al cabo. Nacieron en el 93 muy influenciados por los grupos del C-86 y los Pastels y demás. Sonaban mal pero con estilo, como un coche destartalado con encanto. La buena noticia es que llegan en un momento de forma envidiable, ya que sus últimos trabajos están a un nivel de madurez exquisito. Recomiendo el City Fallen Leaves (Track & Field, 2005). Papas Fritas -o pApAs fritAS, como los debes escribir si realmente estás en la onda- son una banda de indie-pop bostoniana de finales de los noventa. Nada del otro mundo: canciones simples, tres acordes, algún estribillo resultón… Pero tienen algo. Lo tienen. Esas cantinelas extrañamente pegadizas no se acaban de ir nunca de la cabeza. Para esos días que no te apetece pensar mucho y necesitas que la música te transmita buenas vibraciones. Toda una incógnita en directo. Para mí, su mejor disco es Papas Fritas (Minty Fresh, 1995).

Y para acabar, también debo mencionar Half Japanese, el grupo de los hermano Fair. De hecho, proyecto musical sería una descripción más precisa que “grupo”. Son la personificación del “do it yourself”, el paradigma del indie: ni sabían tocar, ni tenían nociones musicales, pero su amateurismo se transformó en autenticidad. Y aunque todo lo auténtico suena a elitista en este mundo, su actitud naif siempre ha sido respetada y entendida como algo puro e inspiracional. De su inacabable discografía, recomiendo Charmed Life (50 Skidillion Watts, 1988), pero tampoco los conozco tan a fondo como para postularlo como su mejor obra. ¿Qué mejor excusa que esta para ponerse con ellos?

En los próximos días os cuento cuatro cosas del resto de bandas.

Monday, November 08, 2010

Le Noise


Así empezaba la entrada que empecé a escribir a finales de la semana pasada: Alguien ha pedido que enchufaran el aire acondicionado en la agencia. Hoy, día cuatro de noviembre, el día en que el ayuntamiento ha decidido poner las luces navideñas por toda la ciudad de Barcelona, el día en que ha salido la campaña de invierno de Actimel; hoy ha sido el día en que ha vuelto el verano a la ciudad. Jovenzuelos en camiseta corta, ejecutivos sin americana y abuelas paseando sin ningún destino concreto.

Pues bueno, hoy ha empezado el invierno después de estar todo el fin de semana en manga corta. Esta mañana he decidido bajar caminando a la agencia ya que no he tenido el temple suficiente para esperar quieto más de diez segundos en la parada del autobús. De fondo, el nuevo disco de Neil “¿tengo cara de necesitar un batería?” Young. Siempre es peligroso ser taxativo en una primera escucha, pero os puedo asegurar que esta tarde volveré a casa otra vez con él. Me he quedado prendado con la segunda parte del disco (de “Love And War” hacia delante). Mañana os cuento con más exactitud, pero tiene muy buena pinta.

Mientras serpenteaba por callejones para evitar el frío vendaval de las calles anchas, intentaba imaginar qué pensaría Neil Young de todos los balcones engalanados con banderas vaticanas. A la vez, intentaba ponerme en la piel de las familias conservadoras que viven reprimidas en Barcelona, que aprovechan para colgar su bandera de España bien cerca de la bicolor católica. Ambos me han dado cierta lástima. He llegado a la conclusión que Neil Young hubiese madrugado para ir a ver al papa, o por lo menos para ver la ceremonia por televisión. Y me ha dado lástima que la familia bien estante con sus siete hijos tenga que vivir en la triste minoría de los decadentes valores eclesiásticos.

Por una vez, el progresismo no ha necesitado manifestarse en contra del poder de la Iglesia. Ahora son ellos mismos los que necesitan lanzarse a la calle para reivindicar su paupérrima adaptación al mundo moderno. Sí. Debemos agradecer al vaticano que enseñe lo bonito que es Barcelona.